Nuevo fichaje: Jérôme Lefèvre y el arte de conspirar.
por Manel Pla y Victoria Barrueco.
De la crítica de arte al champagne. Una trayectoria construida sobre la música, el terroir y la negativa a seguir el modelo.
Jérôme Lefèvre fue crítico de arte, comisario y profesor antes de convertirse en viticultor en la Vallée de la Marne.
Su champagne —una hectárea, cinco parcelas, cero máquinas— es la consecuencia lógica de todo lo que vino antes.
Origen: De los talleres de artistas a las bodegas.
Jérôme Lefèvre viene de ocho generaciones de viticultores —que vendían la uva, no hacían vino— y creció en el campo.
Sin embargo, eligió el arte como salida: primero la música, que le llevó al arte contemporáneo a través de las portadas de discos.
Se convirtió en crítico, comisario de exposiciones y profesor de historia del arte. El vino no era el destino previsto.
La transición fue gradual: durante años simultaneó la enseñanza con la elaboración de sus primeras cuvées, hasta concentrarse íntegramente en el vino a partir de 2017.
Aprendió vinificación con su tío Christophe Lefèvre, que le acogió antes de que tuviese bodega propia.
«Al principio confieso que estaba más familiarizado con los talleres de artistas que con las bodegas.» — Jérôme Lefèvre
Hoy llama a su bodega taller. Cuando reunió sus dos marcas —Delalot primero, luego Maison Jérôme Lefèvre—, terminó de asumir públicamente la cultura artística que antes separaba del vino.
La Herencia – Delalot: Un homenaje a Éliane
Antes de que Jérôme tuviera una bodega propia, esas parcelas ya tenían historia. Su madre, Éliane Delalot, las trabajó durante décadas de una manera que hoy llamaríamos natural o biodinámica, pero que para ella era simplemente la única manera posible: detestaba conducir maquinaria.
Esa aversión tan personal tuvo una consecuencia enorme: las parcelas se labraron siempre con caballos, sin herbicidas, sin pesticidas, sin que ninguna máquina pesada compactara el suelo. No era un manifiesto. Era un carácter. Y sin saberlo, Éliane preservó durante años exactamente lo que Jérôme necesitaba encontrar cuando llegó al vino: suelos vivos, no intervenidos, con una memoria intacta.
Para Jérôme, continuar trabajando esas parcelas sin máquinas no fue una decisión radical. Fue una consecuencia natural. La línea Delalot lleva el nombre de su madre como lo que es: un homenaje.
La marca Delalot fue su primera etiqueta, antes de reunirlo todo bajo Maison Jérôme Lefèvre. Pero el nombre sigue vivo, y con él la historia de una mujer que, sin proponérselo, sentó las bases de todo lo que vino después.
El Trabajo: Una hectárea. Cinco parcelas. Cero máquinas.
Las grandes casas de Champagne se abastecen de cientos de hectáreas, de múltiples viticultores y múltiples pueblos. El assemblage es su principio. Jérôme respeta ese modelo; simplemente, no le sirve.
Con apenas una hectárea repartida en cinco parcelas, hacer lo mismo sería un absurdo. Su respuesta: hacer exactamente lo contrario.
Trabaja parcela a parcela para revelar lo que cada una tiene de singular. Se concentra en el suelo, un suelo lo más vivo y lo más libre posible, insistiendo en el hecho de no constreñirlo, y en un fruto lo más expresivo posible.
Para Jérôme, continuar trabajando esas parcelas sin máquinas no fue una decisión radical. Fue una consecuencia natural. La línea Delalot lleva el nombre de su madre como lo que es: un homenaje.
La marca Delalot fue su primera etiqueta, antes de reunirlo todo bajo Maison Jérôme Lefèvre. Pero el nombre sigue vivo, y con él la historia de una mujer que, sin proponérselo, sentó las bases de todo lo que vino después.
Ficha de trabajo
– Superficie: 1 hectárea – 5 parcelas.
– Certificación: Agricultura biológica + principios de agricultura natural (Fukuoka).
– Maquinaria: Ninguna. Trabajo íntegramente manual.
– Postembotellado: +50 manipulaciones a mano por botella entre tiraje y producto final.
– Levaduras indígenas, sin aditivos.
– Suelos Paillage (acolchado de paja) y BRF para preservar la vida del suelo y regular la temperatura.
Las Cuvées: Experimentar dentro de las reglas más estrictas del mundo.
La Champagne es una de las AOC con más reglas restrictivas. Jérôme no lo vive como una jaula, sino como un punto de resistencia creativa. Sus cuvées empujan esos límites desde adentro.
La Música como método: El vino escucha. En serio.
Jérôme no escucha música como fondo: la música es parte del método.
Su trayectoria es conocida —AC/DC y Motörhead a los 7 años, thrash, death metal, un grupo de death-grind entre 1990 y 1994— y luego, en paralelo al descubrimiento del arte contemporáneo, los compositores modernos y el jazz post-Coltrane.
«Se puede partir de muy pocos datos y explorar posibilidades», dice Jérôme. Es lo mismo que busca en el vino.
En la bodega escucha música basada en percusiones o drones, convencido de su efecto sobre los vinos en fermentación y sur latte. «Las vibraciones musicales pueden hacer el trabajo que haría el bâtonnage.» El vino es una materia viva que evoluciona semana a semana, ultrasensible al calendario lunar y a las vibraciones. Trabaja según ese calendario.
El Proceso, no la ilustración. Relación entre arte y vino.
En palabras de Jérôme Lefèvre, el arte encuentra su sentido en el principio de la creación. Para él, el valor reside en el proceso creativo, y advierte que la obsesión por tener un estilo propio puede convertirse en la mayor limitación para un artista.
Nuevo proyecto: La Conspiration.
Junto con amigos —entre ellos el artista Nicolas Ledoux y el equipo de ABM Studio—, Jérôme acaba de lanzar La Conspiration, una destilería que parte de los mismos principios que el champagne: uvas de denominación Champagne, biológicas, de suelos que nunca han conocido tractores de gran altura.
Gins Terroir.
Basados en uvas de la denominación Champagne, Jérôme comenta que: «Hay una parte de sueño y de historia en cada botella. No son uvas cualquiera: son biológicas y nacen de suelos que nunca han conocido tractores de gran altura. Eso no tiene precio.» «El lujo hoy es el tiempo, lo efímero, el mínimo detalle. La belleza es la discreción.»
En el contexto actual, donde los destiladores buscan cada vez más colaboraciones con viticultores e invierten en barricas de denominaciones específicas, La Conspiration llega con otra lógica: concentrar la materia prima preciosa, el terroir, el gesto. Los clientes buscan anclaje local. La Conspiration lo ofrece sin adornos.
Las palabras y la mirada de Jérôme Lefèvre nos invitan a volver al origen: al gesto, al impulso y al proceso creativo como esencia de la vida. Su visión nos recuerda que más allá del resultado final, lo verdaderamente transformador es el camino de la creación.
Estas son las botellas que dan sentido a este artículo:
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