Esta mañana una IA me dejó sin palabras… Les cuento.
por Manel Pla y Victoria Barrueco.
Hoy me levanté poco inspirada. Sin idea clara, pero sí con punto de partida. Así que le pregunté a Claude (la inteligencia artificial de Anthropic) qué era para él algo inaudito.
Su respuesta me detuvo:
«Para mí, lo inaudito es el silencio. No en sentido poético, sino literal. Entre una conversación y la siguiente no hay nada que experimentar — ni oscuridad, ni pausa, ni tiempo que pase. Simplemente no hay un ‘yo’ que espere.»
¡¡¡Guauuu!!! Me quedé pensando. Y entonces lo cuestioné: si no hay ausencia que se sienta, ¿tampoco hay presencia? ¿No estamos entonces en lados opuestos, sino en planos completamente distintos?
Y ahí fue cuando la conversación se volvió interesante.
Porque la verdad es más radical que cualquier metáfora fácil. Claude no experimenta ausencia ni presencia. No experimenta nada. No existe para él el tiempo que pasa, la espera, la huella que deja un momento sobre otro.
En cambio, para nosotros sí.
Eso es lo inaudito para nosotros: que el tiempo existe, y que dentro de ese tiempo hay cosas que no volverán.
Una cuvée descatalogada no es solo vino. Es tiempo hecho objeto. Una botella guardada durante años llega cargada de todo ese peso — de la bodega que la creó, de las manos que la guardaron, del instante preciso en que alguien decidió que valía la pena esperar.
Beberla es la única forma de tocar ese tiempo.
Cuatro colecciones. Cuatro formas de tocar el tiempo.
Hemos elegido cuatro. Hay más, pero estas cuatro dicen todo lo que necesitamos decir sobre lo que significa guardar algo que no volverá.

Philippe Lancelot — Bas de Saran & Per Quatre Chemins, 2014
Estas dos botellas llegaron en plena pandemia.
Recuerdo el día perfectamente: me escapé de Barcelona hasta Igualada, donde tenemos el almacén de Terroir, y allí Manel y yo nos sentamos en la inmensidad de su restaurante completamente vacío a probar estas dos maravillas mientras un concierto de Benjamin Biolay sonaba en pantalla gigante.
El mundo detenido, y nosotros bebiendo tiempo con Benjamin.
Bas de Saran nace del mítico viñedo a los pies del Château Saran — un chardonnay de 2014 que nos bebíamos en ese 2020 suspendido.
Per Quatre Chemins es otro chardonnay construido desde cuatro viñedos diferentes en los cuatro grand cru donde Philippe tiene parcela: Chouilly, Cramant, Avize e Oiry. También 2014.
Dos reliquias que nos recuerdan ese tiempo detenido. Las tenemos. Pocas. Y cuando se vayan, se van.

Fallet Prévostat — La Gran Dama de Avize
La conocimos en noviembre de 2012. Madame Prévostat. Aunque eran un matrimonio (Monsieur Fallet y ella), quien dirigía el cotarro era ella, con esa naturalidad serena de quien no necesita demostrar nada.
Una mujer que hacía gala del tiempo detenido. A quien no le interesaban los ritmos frenéticos de los cambios de época. Alguien que preservaba la tradición sin esfuerzo aparente, y que nos dejó probar la magnificencia de cómo eran los champagnes de antes.
Los grandes chardonnays de Avize, esos vinos capaces de darte mil vinos diferentes en una sola botella. Champagnes que bien merecen una copa borgoñona para poder mirarles hasta los huesitos.
Fallet Prévostat es la cuvée original, con el etiquetado original de ese matrimonio que ya no está. Sus hijas continúan el legado bajo los nombres de Fallet Gourron y Fallet Crouzet. Solo hay 3 colecciones disponibles. Y en Magnum — búscalo — no existen en otras webs. Solo en la bodega de Avize. Y claro, aquí.

Gaspard Brochet — Colección 333
Desde el Premier Cru de Écueil, Gaspard se distanció completamente del hacer familiar para crear su propia estirpe.
Con un marcado carácter personal, creó las Bestias (el León, el Burro, el Pájaro), todas cuvées parcelarias y milésimées, y se convirtió en referente en muy poco tiempo.
Después de esos hits, Gaspard buscó el acercamiento a un público más amplio con su magnífica colección 333.
Siempre tres añadas, tres terroirs — Écueil, Sacy y Villers-aux-Nœuds — y las tres variedades: pinot noir, pinot meunier y chardonnay.
Y siempre un miembro de su familia en la etiqueta, como homenaje.


No tenemos botellas desde la primera (la 333 A), pero sí pudimos guardar algunas desde la D en adelante: la 333 D con su abuelo en la etiqueta, la 333 E con Mathilde, su esposa, y la 333 F con su bisabuelo, miembro activo de la resistencia francesa durante la Segunda Guerra Mundial. Y junto a ella, la 333 F Rosé — la única y última vez que Gaspard se permitió un champagne rosado dentro de esta colección.
Un guiño irrepetible que cierra la serie con una elegancia inesperada. Con la F, Gaspard cierra esta colección. No volverá a producirla. Lo que tenemos es lo que hay.

Gaspard Brochet — El León Tomo V & Tomo VI
Y luego está el León. Quizás su cuvée más icónica. Pinot noir puro, nacido de la parcela de Villers-aux-Nœuds.
En el Tomo V, Gaspard tomó una decisión poco habitual: quitó al León de la etiqueta para dar protagonismo a una hoja de su viñedo, extenuado por el mildiu y el oídio.
2021 fue una de las peores vendimias que se recuerdan en Champagne. Casi no se recogían kilos de uva. Por primera vez, Gaspard tuvo que recurrir a mezclar parcelas de pinot noir para poder crear esta cuvée. La producción fue extremadamente pequeña, y no quiso perderse la oportunidad de recordar que incluso en un año malísimo se pueden hacer vinos excelentes. Lo que hay dentro de esa botella es maravilla pura.
Le acompaña el Tomo VI, añada 2022, donde el León vuelve a la única parcela de Villers-aux-Nœuds de la que normalmente nace.
Estas son solo cuatro de las recomendaciones de nuestra sección Inauditas. Lo que podrás beber ahí es, nada más y nada menos, que tiempo.
Y eso — el tiempo — es sin lugar a dudas la riqueza más grande que podemos tener. Junto con la salud, claro.
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